Un plomero se ocupa de las instalaciones de agua y desagüe de una casa o un local: cañerías, griferías, inodoros, termotanques, bombas y destapaciones. También hace instalaciones nuevas y reparaciones después de una pérdida.
La mayoría de los problemas de plomería empeoran con el tiempo. Una canilla que gotea gasta agua y puede humedecer un mueble; una pérdida chica debajo del lavatorio termina en un revoque roto. Por eso conviene resolverlo cuando todavía es una molestia y no cuando ya hay un daño.
Con dos o tres alcanza para tener una referencia. Lo importante es que todos coticen el mismo alcance: si uno incluye materiales y otro no, los números no se pueden comparar.
Contale qué pasa, desde cuándo, en qué ambiente y con una foto o un video corto. Si es una pérdida, avisá si podés cortar el paso de agua. Con eso el presupuesto sale más preciso.
Un destape superficial con sopapa o soda cáustica puede servir para un atasco leve. Si el agua vuelve, hay olor o el problema está en el caño principal, conviene llamar a un plomero: forzar la instalación puede romper una junta.
Una reparación puntual suele resolverse en una visita. Una instalación, un recambio de termotanque o una pérdida dentro de la pared pueden necesitar más de un día y una revisión posterior.